Distopías

¿Hablamos de distopías?

2020 puede que sea un año demasiado tentador para adentrarse a leer distopías, esas historias que nos llevan a futuros oscuros y donde la vida y/o valores humanos han decaído a niveles insospechados a día de hoy.

Para hablar de estas distopías, quería traer tres de los principales títulos de este género: 1984 y Rebelión en la Granja de George Orwell y Un Mundo Feliz de Aldous Huxley.

Quizás extrañe la inclusión de Rebelión en la Granja en esta selección, ya que no presenta un futuro como tal, sino una fábula y crítica del autor al régimen soviético. Lo he querido incluir por su capacidad de mostrar la capacidad de corrupción que tiene el poder y la facilidad de modificar la historia.

Quisiera empezar describiendo el mundo de 1984, ya que es quizás la distopía más evidente de las tres. Se trata de un mundo dividido en tres superpotencias: Oceanía, Eurasia y Asia Oriental. Estas superpotencias se encuentran en una guerra eterna, en la cual se van aliando y traicionando.

Nuestro protagonista se encuentra en Londres, que forma parte de Oceanía, una sociedad controlada y vigilada por el partido único y, su líder, el Gran Hermano. Dentro de la sociedad, está prohibido el libre pensamiento y se manipula la historia de forma constante para adecuarse a lo mandado por el partido (cuando había un cambio en las alianzas de la guerra, la historia se reescribía para que esa alianza hubiera sido así, siempre). 

Uno de los elementos claves a la hora de frenar el libre pensamiento, es la creación de la neolengua, que es una simplificación del inglés diseñado específicamente para evitar este libre pensamiento, al eliminar todas las palabras que aluden a esa libertad. Su objetivo final era eliminar cualquier forma de rebelión, ya que ni siquiera existirían palabras para pensar o explicar esa rebelión.



Por otro lado, tenemos la sociedad de Un Mundo Feliz, una sociedad que puede llegar a generarnos mucha más confusión que la de 1984. Esta sociedad se presenta, en un principio, como una utopía: todo el mundo es feliz y ya no existe ni el hambre ni la guerra. Esto se consigue a través de una planificación total de la sociedad desde el nacimiento (que es artificial, fuera del vientre materno) creando un sistema de castas perfecto. Cada persona es condicionada, física y psicológicamente, para pertenecer a una determinada casta y ser feliz en ella.

Podríamos decir que si el objetivo final de la sociedad es conseguir la felicidad universal, nos encontramos delante de una utopía. Pero esta utopía trae consigo varias pérdidas de elementos que podemos considerar claves hoy en día: el amor, la familia, el arte, la ciencia, la filosofía, la religión…

Aquí me gustaría pararme en un nexo de conexión entre ambas novelas: la destrucción de la familia. En ambos mundos, el concepto actual de familia, se ve perseguido o es ya inexistente. La familia representa una agrupación diferente a la del Estado y ayuda al desarrollo del individualismo (nuestra familia nos aporta un contexto diferente del de otras familias, ayudando a generar nuestra imagen como individuos). El peligro que suponía la familia para el Estado, se puede resumir en la siguiente pregunta: en caso de tener que elegir a quién defender, ¿defenderías antes a tu hijo/a o al partido? 

Ahora me gustaría profundizar en un elemento de diferenciación entre ambas novelas: la información. En 1984 la información se filtra y se modifica para que sólo exista una única verdad. Mientras tanto, en Un Mundo Feliz, existe sobreinformación y, sobre todo, sobre entretenimiento. 

Este punto me parece muy interesante ya que, desde el prisma actual, el primer caso parece técnicamente imposible (o por lo menos muy difícil de conseguir -de manera plena- desde la aparición de Internet). En cambio, el segundo escenario parece mucho más plausible: bombardearte con tanta información -muchas veces de baja calidad y en la que no se profundiza- que te acaba bloqueando (y ocultando lo realmente importante).



Finalmente me gustaría hablar de Rebelión en la Granja, como anticipaba en el inicio, es una fábula de una granja en la que los animales se revelan y expulsan a los tiranos (humanos). Una vez expulsados, se establece la base de un sistema de organización socialista, liderado por los cerdos. Este sistema va, poco a poco, corrompiéndose y traicionando los valores con los que se fundó. La principal herramienta que utilizan aquí los cerdos es la modificación de sus siete mandamientos adaptándolos a sus deseos y mostrándolos como si siempre hubieran sido así.

Esto se encuentra muy en la línea de 1984, e incluso puede dar la sensación de ser un “preludio” de este, ya que muestra como estos sistemas autoritarios no nacen de ese autoritarismo férreo desde el primer segundo, sino desde un enemigo común (en este caso, los granjeros humanos) y desde una promesa de mejora o de alcanzar un paraíso. Una vez instaurados, se mantiene la amenaza permanente del enemigo, lo que permite evitar cualquier disidencia con el partido, ya que se polariza la sociedad: o estás con el partido, o estás con el enemigo.

En resumen, este tipo de lecturas nos pueden ayudar a visualizar posibles futuros (no muy deseables) pero, sobre todo, nos permiten ser conscientes de cómo pueden ser los primeros pasos de estas distopías: atractivos y llenos de esperanza de un futuro mejor.



Este análisis de libro es parte de mi reto de 24 libros en un año, con el que pretendo reforzar mi rutina de lectura, leer libros de temáticas nuevas y desarrollar mi habilidad como escritor.

Por último, quería plantearte unas preguntas que me ayudarán a mejorar la calidad y contenido de este reto 🙂

¿Qué te ha parecido la comparativa de distintos libros de una misma temática? 

¿Te ha gustado la estructura del artículo? 

¿Algo que eches en falta? ¿Alguna recomendación?


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